Calendario mesoamericano

    El sistema calendárico de Mesoamérica es distintivo de esta super área cultural y es uno de los grandes logros intelectuales que marcan a esta región, el calendario mesoamericano regulaba toda clase de actividades económicas y sociales, pero era de especial importancia en la ordenación del ceremonial religioso, y los conceptos básicos del calendario estaban estrechamente ligados a la visión de un mundo sobrenatural. Aunque hay algunas diferencias entre los calendarios de los distintos grupos mesoamericanos., todos ellos tienen una base en común, bien ejemplificada en el calendario mexicano, si bien éste no tenía unos de los refinamientos, como la cuenta larga, especialmente desarrollados en la cultura Maya.



    El antiguo calendario mexicano consta de dos cuentas distintas; “la cuenta de los días” (tonalpohualli) y “el año” (Xihuitl). El año tiene 265 días reunidos en 18 grupos de 20 días cada uno, más cinco días extras (nemontemi) añadidos al final de cada año. Las veintenas se denominan en náhuatl con la misma palabra que también significa luna, metztli, lo cuál justifica el aplicarles en español, como se hace a menudo, el nombre de “mes”.

Las dos cuentas, de los días y del año, se combinan en el sistema de dar nombres a los años. Cada año lleva un nombre que es el de un día determinado del año; los expertos no están de acuerdo sobre si este día que daba nombre al año es el primer día del año, como en el calendario Maya, o si es el último día del último mes; de todas maneras, dada la duración del año cambia de nombre al pasar de un año a otro. El numeral avanza una unidad, puesto que 365 (los días del año) dividido por 13 da 28 más un resto de uno; el signo avanza cinco lugares en la serie de veinte signos puesto que 365 dividido por 20 da 18 más un resto de cinco.

    Al cambiar de cinco en cinco los signos dentro de la serie de veinte, no se usan más que cuatro de ellos que son: calli (casa), tochtli (conejo), ácatl (caña) y técpatl (pedernal). En cambio, al avanzar los numerales de uno en uno se usarán todos los trece. De este modo el total de los nombres de los años es el de las combinaciones de 4 x 13 o sea 52. Este periodo de 52 años se llamaba en náhuatl “Xiuhmolpilli”, “gavilla de años”.

    Una vez en cada ciclo, en un año 2 caña, se pensaba que podía llegar el final del mundo. Había entonces una gran ceremonia durante el mes de Quecholli o en Panquetzaliztli cuando se sacaba el fuego nuevo, y más tarde, al llegar el mes Tititl, se enterraba una gavilla de varas que simbolizaban el ciclo, un grupo de dos ciclos constituía un Huehuetiliztli o vejez.

Los ciclos de 52 años se repiten unos tras otros, pero no había manera fija de identificarlos, de modo que es como si nosotros nombráramos un año según sus decenas y unidades pero sin identificar el siglo. Por este motivo es difícil determinar con precisión las fechas en que se colocan muchos acontecimientos en las tradiciones históricas.



Recomendaciones bibliográficas:

Simbolismo de los colores, deidades, números y rumbos, Samuel Martí.

Sistemas numéricos en México prehispánico, Víctor Larios Osorio.

Aritmética del Tonalpohualli y el Xiuhpohualli, Eduardo Piña Garza.

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